Sábanas de Habitación ( Relatos propios )

Abandonas mi cama como un fantasma en la noche, mientras observo cómo te pones la ropa lentamente, sin saber que te estoy mirando. La escena me excita y empiezo a tocarme bajo las sábanas blancas, que aún conservaban el olor de una noche de pasión. Primero te pones el tanga, lentamente, rozando tu piel blanca y suave que hace un momento había estado entre mis manos.

Buscas las medias que habían sido lanzadas con fuerza, perdiéndose en lo oscuro de la habitación. Tanteas despacio para no despertarme, al final las encuentras, las observas y las tiras al suelo, están rotas lo sé, las rompí con mis dientes para llegar al dulce olor de tu cuerpo, de tu sexo. Me miras y te ríes, sabes lo que había pasado y un escalofrío recorre tu cuerpo recordando mi lengua en tu cueva profunda, sueltas un suspiro y sigues buscando. Encuentras tu vestido rojo tirado sobre la silla, te lo pones, mientras mis ojos se clavan en tu figura paradisíaca, tus piernas largas y aterciopeladas, que llegan a tus senos perfectos. Ahora recuerdo que no llevabas sujetador, que el vestido era tan ceñido que casi tus pechos pedían ser tocados, lamidos, suavizados por mi lengua áspera y húmeda, antes de que abandonaran su hermoso envoltorio. Te acercas a la cama para darme el último beso de despedida, te das cuenta de que estoy despierto y que mi mano mueve las sábanas, así que rozas con los labios mi mejilla, besas las arrugas de mi frente, das dos pasos para atrás y mirando hacia la cama, me dices:


—Lo de anoche fue hermoso, pero creo que nunca se repetirá, dejémoslo como un dulce sueño, de aquellos que saben volar.


Y dicho esto, abandonó la habitación de aquel hotel de mala muerte. No me molestaron sus palabras, y su adiós fue el más hermoso que nunca pude recibir. Deje de tocarme al instante y me puse a oler la habitación, esperando que aún estuviera allí tu esencia, pero ya no quedaba nada, salvo las imágenes de dos figuras que saben volar, sin ataduras.





 

Publicar un comentario

0 Comentarios